El silencio es ORO

Entre los años 1938 y 1947, la Argentina se vio invadida de grandes obras de arte internacional sin origen aparente, con sus posteriores consecuencias. Miles de ellas llegaban desde Rusia y toda Europa, mientras que allí estaban inmersos en plena Segunda Guerra Mundial. Cuadros, muebles, tapices, vajilla, platería, obras de Picasso, del Impresionismo, arte ruso propiedad de los zares, obras que jamás hubieran llegado normalmente o sólo de a una o dos. Se analizan las que incluso se exhiben pese a que aun conservan las etiquetas de museos y galerías saqueadas. Obras que luego eran exhibidas en nuestros grandes museos nacionales sin documentación alguna sobre su procedencia, aunque fuesen de muchos siglos atrás. Allí comenzaban una nueva historia blanca, lavada diríamos hoy, en que las mismas personas exhibían una y otra vez en los mismos museos y pagando sus propios catálogos y libros, creando genealogías para poder vender al exterior, donde sí se exigía que las obras de arte tuvieran un origen demostrable. Confluyeron aquí comerciantes europeos sin historia, contrabandistas, grandes coleccionistas huyendo de la Justicia, objetos litúrgicos, muebles de palacios saqueados, exhibición de obras de personas que habían muerto en los campos de exterminio nazis, miembros de nuestras clases más altas que compraban y vendían sin papeles obras de valor universal, una Aduana que era permeable a todo y que permitía entrar y salir el contenido de barcos enteros. Una historia increíble que fue sospechada por el Ejército Aliado, el cual creó un proyecto para leer cartas y documentos de cientos de personas y que es la base de esta investigación, unas ocho millones de páginas ahora desclasificadas. Y los documentos del FBI y la CIA, listas hechas por investigadores europeos, todo le sirvió al autor para armar un rompecabezas en el que trabajó más de diez años, una tarea sin verdadera solución porque de eso se trata el contrabando y lo ilícito: un mundo negro en que es casi imposible penetrar después de más de setenta años de ocultarlo u olvidarlo. Es un mundo de sospechas, objetos sin papeles, millones de pesos que quedaron en el aire, que incluye una entrevista y las memorias de un curioso falsificador dedicado en 1945 a cambiar el origen de obras robadas que llegaban al puerto. Un mundo apasionante de nuestra historia más profunda que apenas comienza a ser develada, el cual generará escándalos, ofensas y discusiones. Un período del pasado que, gracias a Internet, está mostrando haber sido muy diferente de lo supuesto.

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